Iniciación de un aprendiz

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Iniciación Egipcia

Hasta la semana pasada, antes de mi iniciación en la francmasonería, solo había tenido difusas referencias sobre esta organización. Me extrañó no haber buscado más información de mi parte, a través de diferentes medios, uno de ellos Internet.

Cuando nos reunimos con un compañero, a esperar en las afueras del Centro Comercial Giralda, a que nos recogieran para empezar el rito de iniciación, no tenía ni la más remota idea de lo que iba a vivir en las próximas tres horas de aquella tarde y noche del lunes 14 de diciembre.


Me imaginé una ceremonia protocolaria y diplomática, por ello me habían comunicado que me vistiera elegantemente. Convencido estaba, hasta esos instantes de que iba a una reunión en un lugar reservado, donde me uniría a un selecto grupo de intelectuales riobambeños a realizar una presentación, más académica que ritual.


Que equivocado estaba. Arrancó el rito al salir del centro comercial, embarcados en el vehículo de un hermano, hacia distintos lugares, donde teníamos que meditar ampliamente,  sobre el significado de ese lugar para nosotros. Así lo hicimos, aunque conversamos con mi compañero algunas palabras de desconcertación.


Nos acompañaba una persona con una presencia de investigador secreto de la CIA, porque tenía el aspecto de ser descendiente ARIO, con unas gafas oscuras. Muchas personas al ver a tres hombres elegantes, dos latinos y un gringo, nos miraban desconcertados. Desde este momento imaginé, como que me encontraba en medio de un guión de una película, que acababa de iniciar, pero que no sabía cuando terminaría.
Después nos ordenaron silencio,  y nos separaron de mi compañero. Comienzan a agudizarse otros sentidos. El oído trataba de descifrar la información que estaba ocurriendo a mí alrededor.


Debo admitir que nunca sentí miedo, confiaba profundamente en aquellas personas que estaban encargados de realizar un ritual ancestral, que pocos afortunados teníamos la oportunidad de vivirlo en carne propia. El malestar físico, no me importaba en esos momentos, sabía que algo superior me depararía aquel sufrimiento.


Ingresé custodiado a una pequeña habitación. Ahí comencé a escuchar voces, como si se tratara de una ceremonia extraña. Sabía que estaba en el lugar secreto de reunión de los masones. Me imagine una especie de templo redondo, como los antiguos anfiteatros europeos  de medicina.  Posteriormente salimos de la pequeña habitación, hasta un salón donde escuchábamos frases con mucho orden y disciplina.


Y para resumir, lo que mis hermanos ya conocen del rito de iniciación en el Templo, diré que sentí que terminaba el guión de la película, al estar rodeado de selectos hombres vestidos de negro y que disciplinadamente escuchaban y participaban de un rito, centenario y extremadamente respetable.
Ahí supe que era un aprendiz, que iniciaba un largo camino de instrucción y formación para poder alcanzar la iluminación de un profundo conocimiento milenario, que no está al alcance de cualquier profano.


Henry M. C.  Riobamba,  21 de dic de 2.009

Adaptado para Lectura Pública...

 

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